La semana pasada tuvimos la
oportunidad de presenciar una primera clase de ruso en ruso. Amanda, la
profesora invitada, nos introdujo a la lengua eslava y nos enseñó vocabulario relacionado con la temática de la fiesta.
Al principio todo eran risas
nerviosas y caras de confusión, pero ella, tranquila, pausada y hablando poco,
nos tranquilizó en cuestión de minutos y así nos sumergimos en este nuevo
idioma. Evidentemente, el objetivo no era
empezar a aprender ruso, sino demostrarnos que es posible dar una primera clase de LE sin usar la L1 de los alumnos.
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| Stock Vektor: Sketchnote Russian Alphabet, Roman Volkov |
Algunos aspectos que me gustaría
destacar son:
1) Amanda consiguió bajar el filtro afectivo en cuestión
de minutos. Esto fue sumamente importante porque creó una predisposición a
aprender por nuestra parte e hizo que no tuviésemos miedo a hablar.
2) El hecho de que ella hablase poco evitó que nos
agobiásemos ante una situación en la que no dominábamos la lengua.
3) En ningún momento nos aburrimos, ya que utilizó
distintas dinámicas y actividades para tratar el mismo tema.
En definitiva, además de ser una
clase divertida, pudimos sacar varias conclusiones útiles. Por una parte,
desmitificamos la creencia de que es necesario hablar en la L1 del
alumno cuando no conoce la LE. Por otra parte, comprobamos personalmente que la variedad de actividades y dinámicas es primordial a la hora de que
una clase resulte amena y agradable.

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